i

Escuché a alguien que quiere ser feliz. Eso dijo, "quiero ser feliz".

Yo me he dado cuenta de mi tristeza.

Me he dado cuenta y desde entonces quiero descubrir los rasgos de esa sensación.

De esta manera ha comenzado: hablaba con alguien, sentí algo tras los ojos y comprendí que suele estar ahí. No siempre es igual, pero siempre se parece: una cosa tras los ojos y quizá otra cosa en el pecho.

Aquí, hoy, en este país, en nuestra lengua, le dicen pena.

Todo para mí comienza ahí. Detrás de los ojos.

Hace dos semanas sucedió esto. Quiero escribirlo. ¿Qué puedo decir ahora?, ¿qué puedo decir sobre entonces?.

Poco puedo: que el dolor no es nada, que es como una hilacha, que si tiro de él quizá desenrolle un tejido mayor. Que esto es la punta y quiero ver la amargura en el fondo.

1 mayo, 2008

ii

Y ahora llego ebrio del bar de turno. Mientras caminé hasta mi casa pensé en ti, ¡que basura! ¡que bastado! ¡que víctima se siente! ¡que mediocre! ¡qué pensarías si me vieras así!

Esto es una mierda. No estoy seguro de nada. No sé si habría pensado en ti estando con alguna de las que anotó mi número hace un rato. ¡Una mierda!, ahora que llegué a mi casa solo, siento que te quiero tanto más que a cualquiera que haya encontrado hoy, mucho más, y sé también que podría haber paliado la necesidad de ti con cualquiera de ellas.

Es fácil enamorarse de una estudiante francesa, llegan acá y conversan con uno en su español errático, tímido, al tiempo que se les abre un poco más el escote. Ellas están dispuestas a vivir conmigo tanto más de lo que tú, no puedo creerlo, apenas me conocen, apenas me ven y quieren tanto más de mi que tú, y yo te quiero a ti. Es patético, llego a escribir ebrio todo esto, llego a llorar en vez de dejar que me desnuden, dejar que me toquen, dejar que me besen, dejar que duerman conmigo, dejar hacerme todo lo que quiero que me hagas tú y no.

No sé, si esto no es hundirse dime qué es.

La otra vez, la última vez, me preguntaste cómo era que me atrevía a llamarte en medio de la noche. Esa noche sólo quería decirte que durmieras bien, esa noche yo estaba bien, pero estoy seguro de que me imaginaste del otro lado tal y cómo estoy ahora, desesperado. Ahora te llamaría, escupiría todo lo que te quiero, te explicaría balbuceando todo lo que te necesito, vomitaría las ganas que tengo de hacerte el amor. Te llamaría todas las llamadas que mi celular aguantase, pero no lo hago. No marco ni un número si quiera, todo por como son las cosas realmente.

Sé que todo esto es mentira. Me doy cuenta que en mi vida no eres más que esto que escribo, esta mierda tan ausente en la que escribo, nada más que eso.

Ahora que otras mujeres llaman a mi teléfono y yo no les contesto, vuelvo a verte desnudándote en la pieza vacía de tu departamento. No puedo dejar de imaginarte así, no puedo dejar de perder el tiempo viendo tu ropa caer muerta en el suelo, viendo tu piel aparecer. No quiero perder más el tiempo. Suena el teléfono y lo dejo porque no eres tú. No quiero perder más el tiempo. Me siento bien, me siento mal, me siento bien y me siento mal. No quiero perder más el tiempo.

Esto es todo lo que tengo, una hoja frente a mi y en ningún lugar, nada más que eso, porque me han dejado y porque las dejé, porque ni una sola es más que lo escrito en esta hoja, esto que eres tú para mi, eso es así. Es triste al fin y al cabo, cuánto daría porque me dijeras que no es así, pero es, es y me vuelve más solo que nunca.

iii

Desprecio todo y ese es mi estado.

Éste.

Mejor dicho, tengo intención de vengarme, que se canaliza a través de todo o casi todo.

Quiero romperle la cara a cada uno de los que me subestiman, a raíz de cualquier cosa, en cualquier momento, por válida que ahora sea su observación.

Hijos de puta. No siempre soy como ahora.

Tengo ganas de violentar a cada individuo que me enjuicia por debajo de mis capacidades enterradas.

Quiero que me pidan perdón.

Quiero que se vayan a la mierda, a la conchadesumadre, a la puta que los haya parido.

Quiero destruir cualquier imagen de mediocridad que me haya coronado, en los ojos de cualquier persona de este mundo.

iv

Si tenía familia no sé (cuando escribo sobre ella me doy cuenta lo poco que sé de su vida). Sé que no iba a la universidad, porque la conocí ahí y le acompañé a hacer los trámites para su desvinculación. Sé que no la echaron, que no tenía problemas para financiar la carrera, quiero decir que se estaba endeudando, como lo hacen muchos de mis compañeros, pero no le hacía problema. No sé por qué se salía. Nunca me contó por qué se estaba saliendo. Una vez dijo que quería dedicarse a trabajar, es cierto que eso hace desde entonces, trabajar quiero decir, pero me refiero a que los motivos que tiene para ello no me los dijo nunca.

Sé que tiene mi edad, es decir, 24 años.

Sé que se llama Ignacia Lagos.

Sé que los datos demográficos no dicen mucho de ella. Distraen más bien. Hasta aquí no he dicho nada.

En el bar esta Ignacia también, un vestido negro que no cubre sus hombros, están sus clavículas y su espalda descubiertas. En su mano derecha baila una copa sin caer el contenido y un hilo de humo brota del cigarrillo en su izquierda. Está en las rodillas de S. (no voy a escribir los nombres de la gente que es irrelevante) y de vez en cuando él la besa. Esto es importante decirlo: él la besa. Hijo de puta. No puedo soportarlo.

v

A veces conoces a una persona excepcional, que te parece excepcional, que te resulta excepcional, que se queda en tu ¿mente? ¿corazón? ¿en ninguna parte? ¿en algún lado? ¿dónde se queda?, en fin: De vez en cuando conoces a una persona que te gusta.

La miro y lo sé, la veo ser cómo es y no tengo dudas.

Ignacia realmente me gusta.

Creo que es fácil darse cuenta que alguien te gusta.

Creo también que por una o varias razones a veces preferimos no enterarnos. Quizá el hecho de que yo no le guste a ella, en este caso, debería constituir una razón para mi.

¿Qué podría decir sobre eso?

Que hay valentía en esto, porque duele, porque hiere, porque desencaja, porque sufro, porque quizá habría sido mejor no haber sabido jamás que Ignacia me gusta.

Es raro divagar de esta manera. Es poco de literatura. Es poco de blog. Es poco de contar una historia. Es confuso. Puede terminar por velarte cualquier significado que este texto pueda tener. Estoy escribiendo sin detenerme, pero también pretendo contarte algo, pienso y converso conmigo a través de ésto, a la vez que lo publico para que lo lea alguien más (sé que por lo menos tú lo lees).

Es extraño.

Ahora brota un recuerdo: me veo hablando de ella con otros.

Camino por una calle cualquiera con mi amigo L, él almuerza unos minutos antes con Ignacia, ella no está con nosotros. Yo, a raíz de nada, le digo alguna cosa, cualquier cosa, por ejemplo que me gusta. Él reacciona así: no me cree que yo la vea de esa manera, discrepa conmigo, explica cómo es realmente Ignacia. Yo vuelvo a decir lo mismo con otras palabras, otros elementos, pero el resultado se repite. L piensa distinto. Que L piense distinto es habitual, lo que no esperaba es que piense tan distinto. Ella es tan diferente según L.

¿Obvio?
Para mi es extraño.

vi

Los personajes suelen ser anormalmente temperamentales, excesivamente sensibles, sobrenaturalmente racionales. Me refiero a que en las novelas estas personalidades son funcionales.

No quiero exagerar aquí, quiero ser honesto contigo y, de hecho, quiero ser honesto conmigo.

No soy un personaje.

Esto es serio, si he escrito ebrio, cuestión que podría hacerte pensar que quizá no me lo tomo tan a pecho, el alcohol sólo me contacta más con algunas de las cosas que siento y, quizá, sea en esos momentos en que parezca menos verdadero, pero no estoy fingiendo nada, incluso entonces no soy más que yo, soy esto y no hay más.

vii

No voy a describir a S. no vale la pena.

Mi voluntad juega un papel tan insignificante en todo esto.

Ignacia baila con S.
Recordé mi estado, vi mi vaso vacío, vi los ojos de la francesa.
Comencé a hablar sin pensar.

-¿Ves a esa mujer? -le dije apuntando a Ignacia- yo voy a estar con ella.
-Tu mujer le está besando a otro -dice la francesa como puede.

viii

Al menos creo que entiendo por qué ha pasado todo esto. Tiene que ver con lo que quiso Ignacia que pasara. Con lo que no quiso mejor dicho. Creo que por eso ha ocurrido todo.

No me gusta necesitarla. No quiero necesitarla. No quiero que las cosas sean como son.

Preferiría estar seguro, querría poder ser más enfático, escribir algo así como “entiendo todo a la perfección” o "todo ha sido muy razonable" o "sí que la forma en que ha concluido todo esto me permite pensar en otra cosa” o “todo es tan lógico" o "las cosas se han ordenando de la manera obvia", pero el caso es que no tengo esa seguridad -siempre he adeudado convicciones- y lo cierto es que por mucho que lo he pensado, apenas logré redactar esta historia borrosa.

ix

Me pregunto si estoy delirando. Quiero contemplar a S. consiguiendo lo que yo quiero con Ignacia. Quiero ver cómo lleva a cabo todo el asunto tanto mejor de lo que puedo hacerlo yo, cómo lo disfruta y cómo enfrenta las consecuencias, cómo se hace cargo y las supera o cómo se destruye todo por su ineptitud.

Quiero presenciar todas las alucinaciones que tengo con Ignacia hacerse realidad a través de él.

Quiero ver cómo S. le hace cariño en su pelo, cómo S. duerme con ella. Cómo la escucha y cómo tiene algo que decirle. Quiero ver cómo viajan, cómo visitan los museos y ven las obras de teatro, cómo se leen novelas el uno al otro. Quiero ver cómo viven juntos, quiero ver cómo le trae flores, cómo le cocina, cómo se las arregla para hacerla feliz. Quiero ver cómo hacen planes que jamás concretan, cómo se ríen y cómo lo pasan bien. Quiero que conversen, que siempre conversen. Quiero que peleen y se reconcilien, después de un rato, después de un tiempo, quiero que se reconcilien. Quiero ver cómo la toca, siempre pensando en ella, Ignacia, quiero que Ignacia sienta placer, oh gran hijo de puta, quiero que Ignacia sienta placer... quiero que estén el uno junto al otro, el uno al lado del otro, el uno tras el otro, delante del otro. Quiero que estén...

x

Algo que sí sé es que pudiendo actuar de infinitas formas, actué como he intentado plasmar aquí.

Así he actuado.

"Así" lo que sea, "así" lo que eso quiera decir. "Así" ha sido.

Cirscunstancias propician que actuemos de una manera.
La manera en que actuamos propicia nuevas circunstancias.

Estamos de pie en una posición y actuamos. Sin saber actuamos o sabiendo decidimos actuar, el asunto es que actuamos. Escogemos una forma de actuar o nos ocurre actuar de una manera.
Pensamos en otras, pensamos un poco en otras, o no pensamos en absoluto en otras.

Pero existen otras.

Cabe preguntarse dónde estarán las otras. Dónde estarán las circunstancias que han generado estas historias perdidas, cómo son. Tienen que ser de alguna manera. Las historias que no han pasado. Las infinitas historias. Tienen que estar pendiendo en algún sitio. Me las imagino suspendidas, como un bosque sin raíces, como miles de árboles clavados al cielo por sus hojas.

Esto es lo más triste de todo.

Yo decidí levantarme de la cama. Camino de espaldas hasta la salida, no sé si me explico: no dejo de verla desnuda, cubierta apenas por las sábanas, mientras doy pasos hacia atrás. Camino lento primero y, cuando soy incapaz de sostener la mirada, me quedo quieto. Busco con mi mano para dar con la puerta. Cruzo y me siento devastado, no hay nada que impida el paso, nada físico quiero decir, aunque el aire que ocupa el umbral se endurece. Me angustio. Me ahogo. Me siento muerto. Salgo rápido. Afuera hace frío.

Han pasado exactamente 7 horas. Miro el reloj y no puedo creer lo tarde que es.


Temo que si dejo pasar esto sin escribirlo algo se vaya para siempre y, mientras lo hago, tengo la sensación de que por mucho que lo intente me será imposible retenerlo, no podré retratar lo que siento escribiéndolo. Realmente soy incapaz de hacerlo.

Esto me duele.

Miro el reloj. Si bien el tiempo no ha pasado tan rápido como entonces, tengo la certeza de que todavía es tarde.
* * *